viernes, 20 de febrero de 2009

Arroz y pulpo 6 euros



Madrugar, domesticar la resaca (si la hubiere), hallar dos calcetines iguales, y recorrer más de 200km es demasiado esfuerzo en un domingo. Sobre todo si es para acabar frente a un plato de arrozy pulpo. Que tiene delito, por mucho que cueste sólo seis euros, y por mucha crisis y necesidad que haya... Ni regalado, oiga.

Ese precisamente parecía ser el fin de la murcianía este Domingo de Dios en el que unos cuantos cristianos abandonaron su obligación de asistir a misa para sacar beneficio a un fantástico parte de 25 nudos (lo menos) en tierras almerienses... ¿Dónde? En Genoveses, o Murciaveses, como ya lo bautizan.
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Al llegar a San José no había rastro de ese viento que coloreaba mapas de predicción, otorgaba estrellas por doquier en páginas checas, y dibujaba sonrisas en quienes pronto estuvieron en la cama la noche anterior. Sólo el tímido sol que pugnaba por lucir esa mañana, y el verde que inundaba Genoveses, aliviaba la dominical pesadumbre de nuestros corazones.




-Hay que esperar- nos repetíamos unos a otros, mientras sentíamos, con temor, el seguro soplido del octópodo en oferta en nuestras nucas. Sin embargo, la fe, que unas veces mueve montañas, despareció de las ánimas de los jóvenes -y no tan jóvenes- murcianos, y tras un espacio de tiempo imposible de precisar, muchos se abandonaron al placer del buen comer, del buen beber, y sí, por qué no, del buen cagar, como apuntó magistralmente Cañavate.
Pero una estratégica división permaneció de guardía. Los mejores soldados, aquellos quienes sobre todo son fieles a sí mismos, soportaron el peso de toda la expedición y velaron sus tablas y velas en la búsqueda incondicional del hechizo. Y surtió efecto.De pronto llegaron noticias de que quizá se podía navegar con 5 metros. -¡Está rolando, está rolando!- se oía desde la playa, palabras que llegaban justo antes de que alcanzasemos a ver la alegre silueta de quien las emitía. César, el hombre de una sola vela, comprobó el milagro. Ahora sí. Rápido, todos al agua.
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Al rato llegaron los infieles, quienes se habían abandonado a placeres mundanos, como el pueblo hebreo hiciera cuando lo de Moises con otro tipo de tablas. Pero Genoveses es misericorde y perdonó sus faltas. ¿Quién no ha sido hombre algún día?

Así pudimos navegar al fin sobre un mar de espumas, entre olas de tan magno tamaño que impresionaban a propios y extraños, y con una dirección tan on shore como la vida misma, lo que hizo del surf una empresa difícil. Amén del paso de la rompiente, que se hizo tan complicada que no perdonó a uno sólo de los waveriders del maltrecho Segura.





Fotos: cortesía de los bienentregados a la causa, Susana y Pepito. Brinden por ellos.

2 comentarios:

lujo berner dijo...

pepico... esto es un debú por todo lo arto!...

AndresS dijo...

Por fin alguien que llama al pan, pan y al vino pulpo ... esa si es una narración para que yo me entere. AVISO a navegantes que me falta poco y entonces vendrá el crujir y rechinar de dientes ...