
¿Qué cómo fue?
Pues como siempre que uno navega, surfea, viaja a portugal, hace el adolescente, no se lava y come a todas horas... es decir, fue de puta madre.
Conceptualmente era perfecto: meter en una furgoneta a tres tipos, cinco tablas de windsurf, tres de surf, doce velas, siete mástiles, cuatro botavaras, un balón, los neoprenos, las maletas, el resto de aperos y todos los extraños artilugios de Peniche -entre los que se encontraban una tienda, un colchón inflable, un hinchador y unas sábanas ¿?-, y lanzarse a la carretera un viernes noche camino de Guincho para volver el lunes de madrugada. Imposible pedir más.
Y como casi siempre, la realidad enriqueció lo planificado y el recuerdo hizo el resto.
Saravia ha feito muita...






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Ah, The Man no vino con nosotros... estaba YA allí.
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