Parece que, igual que no hay año sin navidades, ya no hay año sin escapada a Galicia. Y es que esta última nunca defrauda. Da igual lo que dure la escapada, da igual cual sean tus intenciones antes de partir.

Además este verano empezamos por la puerta grande: Ni más ni menos que un CIAO Galicia, en Ferrol, con prácticamente la totalidad del windsurf gallego apoyando el evento, y con un buen montón de buenos amigos expedicionarios llegados desde los confines peninsulares.

Y solo un pero. Y yo no soy mucho de "peros", pero es que este me llegó al alma y además creo que hay que decirlo. ¿A quién se le puede ocurrir, en semejante santuario olístico, empezar a saltar olas, pasarse las preferencias por el forro o simplemente dedicarse al más desgarrador freeride en la ola de otro?. Aún sigo sin entenderlo, es como llegar al Bulli y pedirte un bocata de chopped, o sacar un mechero en plan romántico en un concierto de Sex Pistols... tios, con lo fácil que es ser educado... inverosimil. Perdonad la disrupción, pero no podía dejar de decirlo.
Esta vez un poco más poblada, y como todo últimamente, mucho más familiar. Pero en cualquier caso igual de recuperadora y de esencial, tan básica como siempre: el horizonte, al arena blanca, las montañas, el trazado hipodámico de los caminos y el paso de las nubes (y como se echan de menos las nubes en el infierno estival mediterráneo). Un mundo entero dentro de otro. Con su propio verano al margen del imperio del chiringuito y el chill-out .Y encima con viento...

Galicia, como siempre te echaremos de menos.
fotos windsurferas de Sylvia Hernández, Melissa Cortegoso y Mat Pelikan